CASTING AUDIOLIBRO “CNEV-M”

CASTING AUDIOLIBRO “CNEV-M”

Fecha límite de envío: viernes 17 de mayo, 10:00 AM.

ESPECIFICACIONES DE TALENTO: Mujer joven de veintidós años, voz dulce, pero de una persona con carácter. 

FAVOR DE LEER CON DIFERENTES PROPUESTAS DE VOZ CADA DIÁLOGO, PARA CONOCER SUS RANGOS, YA QUE HABRÁ VARIOS PERSONAJES FEMENINOS Y SE TIENEN QUE DIFERENCIAR EN LA VOZ.

INDICACIONES: Grabar pizarra: “Casting CNEV M” + Nombre + Apellido + Texto casting (grabar máximo 3 minutos):

LÍNEAS DE CASTING:

Había oído hablar mucho sobre el señor Welles en los últimos días. Dos sujetos rondaban el
barrio haciendo negocios en su nombre. Buscaban adquirir una gran cantidad de propiedades
para lo que sería la próxima construcción de un centro comercial. Pasaron por aquí tres veces y
en cada una de esas visitas mi respuesta había sido un contundente “no”.

La última vez que aquellos hombres vestidos de traje vinieron, ya no se mostraron tan amables
como la primera; y las malas lenguas decían que sus jefes, los Welles, una familia adinerada y
con mucha influencia en el país, eran perfectamente capaces de conseguir todo lo que se
proponían.

Ninguno de ellos se había topado antes con alguien como yo, excesivamente testaruda y firme.
No existía cantidad de dinero en el mundo, por muy exuberante que fuera, que lograra hacerme
vender la casa que heredé de mis padres. La cual resultaba ser también mi lugar de trabajo,
puesto que en la parte frontal del terreno se encontraba la pequeña tienda de artículos en
madera que mi padre había iniciado tiempo atrás y en la que mi mejor amiga, Trisha, y yo,
pasábamos la mayor parte del día.

—Jackie, ¿crees que hoy veremos a esos tipos de nuevo? Uno de los vecinos de la otra cuadra
ya ha cerrado trato y se mudará el mes que viene.

—Da igual que vengan y traigan consigo un ejército —expresé, convencida—. Ya les dejé en claro
que no voy a vender.

Ella me sonrió aliviada y ambas retomamos nuestras labores. El día siguiente era el primero del
mes, el que destinaba a una limpieza general, sacando uno a uno cada producto de su
estantería y pasando un trapo para quitar el polvo. Me encontraba sola en ese momento, subida
a la vieja escalera y sacudiendo, cuando de repente se abrió la puerta principal de la tienda e
ingresó un joven.

—Buenos días, puedes mirar lo que quieras y en un momento estoy contigo —le dije, sin
ocuparme de observarlo con detenimiento.

Empezó a deambular por el salón, aparentemente mirando todo lo que había, pero sin que nada
pareciera captar su atención por más de un segundo. Enseguida me percaté de que observó su
reloj de pulsera y entendí que probablemente tenía prisa, así que me apresuré en terminar, para
no hacerlo esperar.

—¿Necesitas algo en específico? —pregunté, mientras le pasaba el trapo a uno de los últimos
apliques.

—No, en realidad quiero comprar todo —contestó con naturalidad.

—¿Todo? —repetí.

—Cada cosa que tienes en la tienda —insistió—. Puedo hacerte un cheque ahora mismo.

Sus palabras me descolocaron durante un segundo. Traté de girar lo suficiente como para
mirarlo y comprender lo que trataba de decir, pero casi perdí el equilibrio y tuve que sostenerme
con fuerza de la escalera para no ir al suelo.

—Ten cuidado —lo oí pronunciar—. Casi caes a mis brazos.

—¿A tus brazos? —No pude evitar soltar una especie de risa semiamarga.

—Por supuesto, te habría atrapado sin dudar.

Esa manera de hablar, cargada de altanería, sumada a las sospechas que sus claras intenciones
generaron en mí, me obligaron a contestar de inmediato:

—No te preocupes, no soy de las que caen tan fácilmente.
—Eso lo veremos…

A pesar de que su insinuación salió en un susurro, la escuché con claridad mientras bajaba la
escalera a su encuentro.

—Creo saber quién eres —lo acusé, apenas lo tuve cara a cara. Sonrió de lado y me resultó
imposible no percatarme de lo apuesto que era. Alto, elegante y con una mirada profunda,
inquisidora. Sus cabellos claros armonizaban perfectamente con sus ojos azules. Su sonrisa
era desafiante y desprendía un aura de confianza que podría intimidar a cualquiera, menos a
mí—. Eres uno de los enviados de ese tal señor Welles, pero ya les he dejado en claro que no
pienso vender mi propiedad.

—No exactamente —contestó—. Pero, en ese caso, asumo que ellos te han dicho que algo tan
simple como eso no los detendrá, que seguirán intentando hasta hacerte cambiar de opinión.

—Su manera de hablar demostraba que intentaba jugar a alguna clase de juego conmigo. Todo
esto le divertía por dentro, podía notarlo en su mirada y en cada palabra que soltaba—. Y, lo más
importante, que el señor Welles no aceptará un “no” por respuesta —finalizó.

—Entonces, tendrá que buscar otro sinónimo en el diccionario.

Volteé, por la molestia que me causaba, y lo escuché reír a mis espaldas. Intenté ignorarlo hasta
que partiera, como había hecho con los sujetos anteriores cuando comenzaban a insistir
demasiado. Me moví hacia el mostrador, pero él caminó siguiendo mis pasos, por lo que no
tardé en girar para volver a encararlo.

—Será mejor que te vayas.

—¿Tan rápido? Ni siquiera me he presentado. —Estiró su mano hacia la mía y la estreché por
inercia. Su apriete era seguro y a la vez denotaba cortesía—. Me llamo Ethan Welles.
Dicho esto, todo cobró sentido en mi cabeza. De hecho, debí haberme percatado antes, pues él
llevaba puesta una camisa blanca y un pantalón oscuro de excelente calidad, un reloj de la
mejor marca y zapatos que relucían como nuevos. A pesar de que los hombres que habían
acudido anteriormente también estaban muy bien presentables, la diferencia era notoria.

—¿Tú eres el se…? —Solté su agarre y me crucé de brazos—. Cuando dijeron «señor Welles»
pensé que en realidad se referían a un señor, no a un… —Me detuve un segundo, antes de
preguntar—. ¿Cuántos años tienes?

Ethan curvó los labios de nuevo, como si yo le causara una mezcla de gracia y curiosidad.

—Tengo veintiséis —entrecerró levemente los ojos, sin dejar de sonreír. Podría jurar que estaba
analizando todos y cada uno de mis movimientos—. También debo admitir que no me dijeron
que fueras tan bonita.

Temí sonrojarme por su comentario, que me tomó por sorpresa. Me forcé a dejar pasar ese
detalle y me centré en lo curioso que un chico, tan solo tres años mayor que yo, estuviera a la
cabeza de este proyecto que era, sin lugar a dudas, algo muy grande.

Entonces se mostró serio, pensativo, como si no estuviera acostumbrado a que alguien ignorara
sus halagos.

—Me enteré de que aún no quieres vender —zanjó, cambiando de tema.

—Como dije antes, agradezco la oferta, pero no estoy interesada en vender, ni ahora ni más
adelante. No se trata del precio ni de hacerle perder su “valioso” tiempo a un chico que hasta
hoy ni siquiera conocía, se trata de que no voy a vender.

Él meditó un momento, llevando ambas manos a sus bolsillos e inclinándose levemente hacia
adelante.

—Está bien, entiendo —expuso al fin—, pero no te creo.

Lo miré con los ojos bien abiertos, sin ser capaz de disimular mi desconcierto. El enojo estaba
empezando a crecer en mi interior.

—¿Qué es lo que no me crees?

—Que no se trate del precio —se explicó al instante—. Llevo años en los negocios y entiendo
perfectamente cómo se maneja este tipo de situaciones. Así que pon tu precio y ya.

¿Años? Si dijo que tiene veintiséis, ¿acaso nació sentado frente a un escritorio?

—Ahora eres tú el que me está haciendo perder el tiempo a mí. Por favor, vete. —Dicho esto, me
dirigí tras el mostrador y comencé a ordenar los papeles que estaban encima, buscando que se
marchara de una vez.

Se acercó despacio, como si estuviera intentando elegir las palabras correctas. Apoyó ambas
palmas de las manos sobre la mesada y se inclinó un poco sobre esta, encontrando mi rostro.

—Por ahora te dejo, para que pienses en mi propuesta —expuso, con tanta calma que se llevaba
la poca que ya me quedaba—. Piensa en un monto y me lo dices, llegaremos a un acuerdo.
Volveré mañana. Miró su reloj y, al instante, volteó sobre sus pies. No tardó siquiera unos
segundos en moverse hasta la salida y, cuando estaba llegando a la puerta, lo detuve con mis
palabras:

—Ethan, no te molestes en venir. Cuando digo que no voy a vender, estoy hablando en serio.

—Solo piénsalo —contestó, para luego cruzar la entrada principal.

No podía creer tanta osadía, por lo que intenté borrar de mi cabeza esa desagradable
intromisión. A pesar de lo complicada que empezaba a volverse esta situación, estaba segura
de que ni Ethan Welles ni nadie conseguirían sacarme de este sitio. Definitivamente, no estaba
preparada para lo que esta visita provocaría en mi vida

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Medio: Plataformas de audiolibros.

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